Ray (Colin Farell) y Ken (Brendan Gleeson) son dos asesinos a sueldo que tras un trabajo que sale mal, se van dos semanas Brujas, por orden de su jefe (Ralph Fiennes). Durante su obligado retiro en la ciudad flamenca conocen a un actor enano (Jordan Prentice) y a Chloë (Clémence Poseí, Fleur Delacour en Harry Potter 4), una chica por la que Ray siente atracción. Pero no todo es lo que parece en esta ciudad de cuento…

Película más dramática que cómica, que se sale de lo común, nos encontramos ante un producto original, que vale la pena ver.

Colin Farell y Brendan Gleeson son dos asesinos a sueldo obligados por su jefe a pasar 2 semanas en Brujas, y se toman la labor de forma muy distinta, mientras que Gleeson intenta disfrutar del momento, de los paseos, de las calles, de las iglesias… A Colin Farell todo le parece insufriblemente aburrido, y no es capaz de sacar ningún provecho de la situación.

Un film sobre la amistad entre dos personas cuya trama puede resultar inverosímil a veces, pero vale la pena disfrutar de las situaciones y las coversaciones de esta extraña y compleja pareja, amigos y asesinos a sueldo.

Los diálogos a veces parecen sacados de una película de Tarantino, pero sin su violencia habitual. Divertida a veces, chocante en ocasiones, bien llevada, interpretaciones de lujo (los dos actores protagonistas se salen) vale la pena se mire por donde se mire, aunque solo sea por salir de la mediocridad en la que estamos instalados con las producciones veraniegas.

Ralph Fiennes es el jefe mafioso de código de honor muy marcado. No esta mal, pero la verdad que tras el recital de interpretaciones de Gleeson y Farell, no destaca demasiado.

A veces es un poco irregular, porque el tono del principio nada tiene que ver con el último tercio de película, pero aun así no lo veo como un defecto, simplemente aporta algo más, un giro distinto a la trama.

Martin McDonagh se descubre como estupendo director de actores (algo que ya se intuía, dado que proviene del mundo del teatro), y profundiza entre otros temas, en la complejidad del remordimiento humano.

También hay que destacar la maravillosa fotografía de Eigil Fryld, que logra una atmósfera invernal de la ciudad medieval perfecta. Además la banda sonora al piano de Carter Burwell también es estupenda.

¿Por qué Brujas?

Martin McDonagh cuenta por qué:

Fui a Brujas por primera vez hace cuatro años, y tuve sentimientos muy encontrados acerca de la ciudad. Era extraña, medieval, y me pregunté por qué no se había rodado ninguna película allí. En cuanto di mi cuarta vuelta por sus calles, empecé a aburrirme y fue cuando pensé en dos personajes que vieran Brujas de dos modos muy diferentes: uno, Ken, ama la cultura, el otro, Ray, solo quiere tomarse una cerveza. Y a partir de ahí surgió la idea de que fuesen asesinos.

Me gustó mucho, y os la recomiendo, sobre todo en versión original (Colin Farell con su acento irlandés esta genial, logrando un gran equilibrio entre el humor, el patetismo y vulnerabilidad.

Calificación: 7,7.